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Los Ricos, los Impuestos, y el Pecados de la Envidia

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Los liberales (progresistas) se indignan cuando alguien sugiere que “los ricos” obtengan algún tipo de reducción de impuestos incluso cuando el 50% de los asalariados pagan el 96% del total del impuesto sobre la renta. Debido a que ellos gastan más dinero, los ricos también pagan una cantidad desproporcionada en ventas, propiedad, entretenimiento, e impuestos sobre consumos específicos.

Sin los ricos, la mayoría del pueblo no tendría trabajo.

La primera computadora que mi compañía adquirió a mediados de la década de los 80´s costó aproximadamente $7500. Eso es como $21,000 hoy. Era gigante y solo podía realizar algunas tareas muy simples, casi solo procesar palabras. Los disquetes eran del tamaño de un plato de mesa y podían almacenar muy poca información (360k). Casi de la noche a la mañana, los precios de las computadoras cayeron, y las capacidades de estas incrementaron dramáticamente.

La primera computadora portátil construida “Compaq” era del tamaño de una máquina de coser, pero tenía mejores capacidades que todo lo que había disponible. La capacidad del disco duro era de 10 megabytes.

La computadoras portátiles de hoy poseen discos múltiples con capacidades en giga-bytes (discos con capacidad en terabyte también están disponibles y se necesitan para copias de respaldo), monitores muy delgados, módems incorporados, discos CD/DVD que proyectan películas y música, y mucho más, todo en un paquete de 3 a 5 libras que puedes llevar contigo y conectarte con el mundo.

Los primeros celulares eran del tamaño de una mochila pequeña. No tomó mucho tiempo para que esta monstruosidad (de acuerdo al estándar de hoy) se convirtiera al tamaño de un ladrillo. Los celulares de hoy son utilizados más como computadoras que como teléfonos. Las aplicaciones que están disponibles en un típico teléfono inteligente habrían tenido un costo de cerca de un millón de dólares hace 20 años si es que la tecnología hubiese existido.

Puedes producir películas utilizando teléfonos inteligentes. La lista de estas películas sigue creciendo.

¿Qué hizo que este desarrollo produjera ganancias y que los precios fuesen reducidos? Las personas con mucho dinero compraron los primeros artículos, los cuales eran bastante costosos. Ellos tenían la habilidad financiera para diseñar el exceso de capital para lo cual la mayoría de personas consideraban artículos de lujo. Teléfonos celulares ahora son tan baratos que incluso vagabundos pueden pagar por ellos.

La investigación y el desarrollo de los costos de cualquier tecnología son enormes. Es por eso que la entrada inicial de nuevos productos a los mercados es bastante costosa. Pero con el tiempo, cuando la inversión original de capital es recuperada y la producción se incrementa, los costos y los precios caen. Vimos esto con los reproductores de CD y DVD. Hoy, la música puede ser adquirida en línea y almacenada en un dispositivo que puede llegar a tener miles de canciones. Las personas con dinero hicieron posible la reducción de los precios y estos saltos en la tecnología.

Golpear a los ricos por medio de afirmar que debiesen pagar más impuestos para igualar el ingreso per cápita es un pecado de envidia. La envidia no es lo mismo que los celos o que codiciar. Las personas codiciosas dicen, “Yo desearía tener lo que él tiene, y me siento miserable porque no lo tengo.” La envidia es cuantitativamente diferente. La envidia razona de la siguiente manera:

Me gustaría tener lo que él tiene, pero yo sé que nunca lo voy a lograr obtener. A nadie debería permitírsele tenerlo o por lo menos tanto como tiene. Si yo no lo puedo tener, entonces nadie debería tenerlo, y si no puedo lograr que esto suceda, me voy a asegurar que le cueste mucho dinero para poder tenerlo. Voy a trabajar para destruir a las personas que pueden obtener estas cosas. Tal vez yo pueda conseguir que el gobierno haga ilegal el obtener esto o por lo menos que haga que sea muy costoso el llegar a tenerlo.”

Por esto es que la Biblia describe la envidia como “carcoma de los huesos” (Prov. 14:30). Caín fue el primer envidioso. Él pudo ofrecer un sacrificio igual al de su hermano Abel o un sacrificio que fuese de un puro corazón. En vez de eso, asesinó a su hermano debido a su éxito. Esto no hizo a Caín más exitoso, pero supongo que, por el momento, el acto le dio satisfacción. La envidia aparece de nuevo en el libro de Génesis cuando los filisteos envidiaron la prosperidad de Isaac:

“Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová.

El varón se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso.

Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y mucha labranza; y los filisteos le tuvieron envidia.

Y todos los pozos que habían abierto los criados de Abraham su padre en sus días, los filisteos los habían cegado y llenado de tierra.” (Gen. 26:12-15).

El pozo de Isaac.

Los filisteos podrían haber cavado sus propios pozos y haber investigado con Isaac para aprender sus métodos y obtener éxito. En vez de eso, destruyeron su propiedad para obligarlo a vivir de acuerdo a su nivel de vida. Claro, debido a que sabotearon el pozo de Isaac, una sequía afectaría a Isaac y a los filisteos de igual manera. Los envidiosos nunca piensan adelante. Ellos solo se interesan en arrastrar a los exitosos a su nivel de incompetencia.

Las sociedades que tienen luchas económicas están infectadas con el virus de la envidia. La prosperidad de otros enfurece al envidioso y lo mueve a destruir lo que no puede obtener y por lo que tampoco está dispuesto a trabajar. Los envidiosos en Occidente son sofisticados. Los envidiosos en sociedades civilizadas no queman los cultivos aldeanos ni sabotean los pozos de agua. Estos envidiosos corren para puestos políticos y votan por aquellos que hacen lo mismo para poder adherirse a los ricos en nombre de la “igualdad tributaria” y la “justicia social”. Los resultados a largo plazo incluyen la destrucción de la habilidad del hombre para prosperar y el incentivo para crear riqueza. Al final, los cultivos destruidos, el contaminar pozos, los altos impuestos nos dañan a todos. Sin capital discrecional, no existe alguien que compre esos artículos costosos iniciales que facilitan la vida de todos. Así que, en vez de envidiar a los ricos, agradéceles y trabaja como ellos.

Las teorías económicas modernas se alimentan del pecado de la envidia. El primer paso es prometer a la ciudadanía el poder obtener algo de la generosidad de los ricos. Cuan eso llega tan lejos, los legisladores harán más difícil el que las personas prósperas puedan permanecer prósperas. Los obstáculos que pondrán van a sofocar su éxito, y todo esto en nombre de la igualdad. Hemos visto que esto ya ha sucedido. Los comunistas tuvieron que construir una muralla alrededor del Este de Berlín para evitar que los trabajadores huyeran de sus políticas de envidia.

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